Los denominados presidentes de Venezuela

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Jueves 31 de enero, 2019

¿Quién es el legítimo presidente de Venezuela? La pregunta parece haber dividido a América Latina, y de hecho al mundo entero, en dos.

Nicolás Maduro, quien juró para un segundo mandato el 10 de enero, claramente carece de legitimidad, luego de haber socavado la Constitución al despojar a la Asamblea Nacional de sus facultades, politizar el Poder Judicial y supervisar elecciones defectuosas, aunque para todos los fines prácticos sigue a cargo del país y parece tener aún el apoyo de la cúpula militar superior. También cuenta con el respaldo de Rusia, China, Turquía e Irán, entre otros países, junto con sus aliados latinoamericanos Cuba, Bolivia, Nicaragua y El Salvador, además del respaldo más tentativo de México y Uruguay, que convocaron una reunión para el 7 de febrero en Montevideo a fin de intentar resolver la crisis.

Juan Guaidó, el titular de la asamblea truncada, se autoproclamó presidente interino el 23 de enero sobre la base de que Maduro usurpó la Constitución, aunque resulta interesante que el artículo 233 de la Constitución citado por Guaidó para respaldar su reclamación de la presidencia en realidad establece que si un jefe de Estado en ejercicio abandona el cargo por cualquier motivo o lo elimina la Asamblea Nacional, es el vicepresidente —en este caso Delcy Rodríguez, aliada de Maduro— quien debería asumir el cargo. El titular de la Asamblea Nacional solo actúa como presidente interino si el presidente electo no puede asumir el cargo. En cualquier caso, deben convocarse nuevas elecciones dentro de los 30 días posteriores, a menos que haya menos de dos años para elecciones programadas.

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Guaidó cuenta con el apoyo de unos 20 países, entre ellos EE.UU., Australia, Canadá y la mayoría de las naciones del Grupo de Lima en Sudamérica, junto con el Parlamento Europeo. Sin embargo, la Unión Europea ha adoptado un enfoque más cauteloso y exige nuevas elecciones, exactamente lo que Guaidó dice que quiere hacer en lugar de formar algún tipo de gobierno paralelo.

En la práctica, no obstante, el apoyo a Guaidó es en gran medida simbólico, ya que no tiene poder o autoridad real, a pesar de nombrar a ciertos "embajadores" —la mayoría de los países que lo reconocen como presidente siguen manteniendo relaciones diplomáticas con el gobierno de Caracas— y cortejar el poder económico de Washington, incluidas las sanciones contra la petrolera estatal PDVSA, que es un salvavidas crucial para el régimen de Maduro. También parece haber unido una oposición débil y fragmentada, mientras que sus detractores afirman que lo que está haciendo es organizar un golpe de Estado con el respaldo de EE.UU., que es precisamente lo que muchos de sus admiradores querrían ver.

La verdad es que Venezuela es un desastre. Económicamente, ha estado en una situación desesperada durante los últimos años, y usar la excusa de los bajos precios del petróleo es una especie de distractor, ya que simplemente no resiste el escrutinio. Si bien es cierto que los precios del crudo cayeron drásticamente en 2014 y 2015 comparado con los máximos históricos, posteriormente repuntaron y se ubican muy por encima de los mínimos históricos. En cualquier caso, los países que dependen de los productos básicos tienen que aprender a lidiar con las fluctuaciones de los precios.

Pese a todo lo anterior, una cosa es clara: la solución a la difícil situación de Venezuela debe ser, en última instancia, un asunto interno, ya que los golpes de Estado y la intervención extranjera, especialmente la intervención militar, rara vez hacen algo más que empeorar las cosas.