World Economic Forum

Cambiar Tamaño de Textos

América Latina y el calentamiento global

La cumbre latinoamericana del WEF en Santiago situó al cambio climático como una de las principales preocupaciones en la región. Pero, ¿qué puede hacer América Latina al respecto?

Herramientas

Tras años de relativa inactividad, América Latina parece haber despertado ante el calentamiento global. En el marco del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) en Latinoamérica, líderes del ámbito político y empresarial se dieron cita en Santiago de Chile en abril de este año y definieron las políticas de sustentabilidad medioambiental como una de las prioridades de la región, solo antecedidas por la educación, lo cual causó gran sorpresa. Un informe preparado especialmente para la ocasión por la Red de Riesgo Global del WEF identificó el cambio climático como uno de los cuatro principales grupos de riesgos para la región, con efectos potenciales “que incluyen mayor frecuencia y severidad de eventos climáticos extremos, sequías, crecientes niveles de inseguridad en términos de disponibilidad de alimentos, enfermedades y desplazamiento de la población”.

No obstante, puede que este problema parezca una abstracción en una región que enfrenta problemas crónicos de pobreza, crimen y desigualdad en la distribución de ingresos, por nombrar algunos. La región es responsable de apenas un 6% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Países como Chile y Argentina dan cuenta de solo 0,2% y 0,9% respectivamente, lo que implica que cualquier medida que tomen tendrá poco impacto en el problema. Por esta razón, aparte de confeccionar inventarios sobre cambio climático, la región tiene pocas obligaciones bajo el Protocolo de Kyoto, el acuerdo global que impone restricciones a las emisiones de gases de efecto invernadero y que ha sido fi rmado por 30 países industrializados, con la notable excepción de Estados Unidos.

No obstante, Ricardo Sánchez, director regional del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reconoce que los países de la región “están comprometidos con los objetivos del Protocolo y están realizando acciones aun cuando no forman parte del Anexo 1”, la lista de los países que deben reducir sus emisiones. Como ejemplos, el ejecutivo menciona los esfuerzos de Brasil por reducir los niveles de deforestación en la Amazonía; los 250 millones de árboles que plantó México este año; las campañas de Venezuela y Cuba que, en conjunto, han instalado 75 millones de lámparas de bajo consumo; y un compromiso de Costa Rica de convertirse en el primer país con un balance neutro de carbono hacia el 2021, lo que signifi ca que no emitirá más gases de efecto invernadero de lo que pueden absorber sus bosques.

El principal motor para reducir las emisiones en la región, sin embargo, es también una oportunidad comercial. El Protocolo de Kyoto establece el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), según el cual las naciones industrializadas comprometidas con la reducción de gases invernadero pueden invertir en proyectos para disminuir las emisiones en países en vías de desarrollo en lugar de hacerlo en sus países, donde el costo es mayor. Brasil no tardó en aprovechar esta oportunidad, con 350 proyectos aprobados bajo el mecanismo, seguido de lejos por México con 65. Sin embargo, estos dos países se quedan atrás respecto de China e India, los que juntos dan cuenta de tres quintas partes de las reducciones anuales esperadas a partir del MDL.

Chile por su parte, que ha sido alabado por implementar complejos mecanismos y contratos respaldados por su marco regulatorio y la estabilidad económica del país, da cuenta de tan solo 1,9% de las reducciones esperadas. En general, Latinoamérica “fue la región pionera en la etapa anterior”, dice Leonidas Girardin, director de Fundación Bariloche, una organización científi ca que ha ayudado al Gobierno argentino a preparar informes técnicos sobre cambio climático. Sin embargo, no ha podido competir con el creciente número -y escala- de los proyectos de Asia. “Hasta acá rindió muy pocos frutos para los países latinos, a pesar de los esfuerzos, fondos y capital humano invertidos”. La excepción es Brasil, “donde hay un sector privado muy dinámico y un tamaño de proyecto atractivo en el mercado internacional; el resto de los países quedan con migajas”.

2/3 de los bosques perdidos en el mundo entre el 2000 y el 2005 corresponden a América Latina

“América Latina ha sido activa, pero los proyectos han sido pequeños y eso hace que el mercado para nosotros haya sido un poco más complejo”, dice Maria Teresa Szauer, directora de medioambiente de la Corporación Andina de Fomento (CAF).”Es muy factible que a futuro, cuando se acaben los proyectos grandes en Asia, América Latina vuelva a tener un repunte interesante”.

La CAF está promoviendo el esquema de MDL a través del Programa Latinoamericano de Carbono (PLAC) lanzado en 1999 y que el año pasado extendió a todos los países latinoamericanos. Actuando como intermediario, en particular para compradores holandeses y españoles, el programa ha cerrado acuerdos por unos 9 millones de toneladas en reducciones de carbono. También ofrece asistencia técnica y desarrolla nuevas metodologías, como algunas aplicadas al transporte, por ejemplo. Con el respaldo del programa, el sistema de transporte urbano de Bogotá, Transmilenio, se convirtió en el primero en su tipo en el mundo en ingresar al esquema de MDL y ahora pretenden repetir la experiencia en otros lugares de Colombia, Ecuador, Centroamérica y Perú.

La Unidad de Financiamiento de Carbono del Banco Mundial tiene un enfoque similar, al actuar como intermediario en la compra de créditos de carbono para reducir las emisiones, ofrecer asistencia técnica y desarrollar procedimientos y estrategias para ampliar el mercado de MDL. Según Carter Brandon, especialista en medio ambiente del Banco Mundial en Buenos Aires, el banco tenía comprometidos US$2.000 millones en fondos en el mundo hacia fi nes del 2006 y por el momento es el único comprador de reducciones de carbono más allá del 2012, fecha en que expira el Protocolo de Kyoto.

Concentrarse en el esquema de MDL, sin embargo, deja a varios sectores sin cobertura. Para empezar, con el fi n de alcanzar los objetivos de reducción, Brandon dice que aproximadamente un tercio de cada una de las reducciones debiera provenir de fi nanciamiento al carbono para países en desarrollo y de medidas tomadas en países desarrollados. Pero al menos un tercio debiera producirse por cambios de conducta en los hogares, un área a la que se ha dado poca importancia en la región hasta la fecha.

Para José Goldemberg, ex secretario de medioambiente del Estado de Sao Paulo y profesor del Instituto de Ingeniería Eléctrica y Energía de la Universidad de Sao Paulo, el alcance del MDL no es sufi cientemente amplio. Brasil, sostiene, recibirá probablemente menos de US$100 millones a partir del esquema. “La cantidad de emisiones es tan grande que se necesita un mecanismo mucho más fuerte”.

Girardin, de Fundación Bariloche, es incluso más tajante. “Es un mecanismo perverso, porque los que adelantaron medidas de mitigación, las tienen en su línea de base y no son atractivos”. En el sector de la energía regional, por ejemplo, la generación de electricidad de Brasil está dominada por plantas hidroeléctricas y en Argentina por hidroelectricidad y plantas de gas natural de ciclo combinado de última generación.

“Si Argentina fuera como Estados Unidos o Canadá donde el 60% de su generación es a carbón, sería mucho más atractivo”, dice. “Para muchos latinoamericanos, la única posibilidad interesante en el MDL es el sector forestal”.

Sin embargo, los proyectos forestales plantean una nueva serie de problemas para el MDL. Muchos compradores de carbono evitan el sector, debido a las dificultades para monitorear y lograr las reducciones planeadas. Dado que las regulaciones forestales recién se acordaron en la conferencia de los signatarios del Protocolo de Kyoto que se realizó en Buenos Aires en el 2004, “se trata de un mercado en construcción”, dice Szauer, de la CAF. Además, la “toneladas colectadas por estos proyectos son más baratas que las de los proyectos de energía. Eso hace que sean un poco menos deseados”.

Es más, el mecanismo cubre la reforestación o plantación de árboles nuevos, pero no da ningún crédito por no talarlos. Esta es una manzana de la discordia entre los países industrializados y otros como Brasil, que es el sexto mayor emisor de dióxido de carbono, principalmente debido a la deforestación mediante quema de bosques. Según el PNUMA, aproximadamente dos tercios de la superficie forestal que se perdió en el mundo entre el año 2000 y el 2005 correspondió a la región. Pero los países ricos detestan pagarles a países como Brasil para que protejan el Amazonas si lo van a hacer aun sin financiamiento. Según Sánchez, del PNUMA, esto es exactamente lo que está pasando: la deforestación en Brasil ha bajado de 2,6 millones de hectáreas a 1,1 millones de hectáreas por año en los últimos tres, sin la ayuda de financiamiento al carbono. Pero en Brasil, Goldemberg tiene sus dudas. Las reducciones se produjeron porque “el precio de la soya bajó en el mercado internacional”, sostiene. “Ahora los precios han repuntado y la deforestación está volviendo a aumentar”. Si bien un participante brasileño de la reunión del FEM en Santiago argumentó que si el mundo quería preservar la Selva Amazónica debía pagar por ello, Goldemberg dice que ese tipo de argumentos “no lleva a ninguna parte. La filantropía a esa escala no existe”.

La producción de biocombustibles es otro sector que en la actualidad está marginado del MDL, aunque se percibe con gran entusiasmo en gran parte de la región. Se prevé que la demanda aumentará, ya que tanto Europa como Estados Unidos pretenden incluirlos en una mezcla con gasolina y diesel para reducir el consumo de combustibles fósiles. Argentina, por su parte, también exigirá un contenido de 5% de biocombustibles en las estaciones de servicio a partir del 2010.

En otros lugares, particularmente en los países del Mercosur, la preocupación es que los combustibles derivados de la soya y el maíz, por ejemplo, hagan subir los precios de los alimentos a costo de la cobertura forestal, con lo cual los detractores de los biocombustibles los han apodado la “deforestación diesel”. En los últimos cuatro años, Argentina ha perdido más de 1 millón de hectáreas de bosques, principalmente para la producción de soya, con lo cual la deforestación ha aumentado un 42% en comparación con los cuatro años precedentes

Goldemberg duda de la viabilidad económica del biocombustible de soya sin subsidios. En efecto, mientras que la producción de soya en Argentina está sujeta a un impuesto de exportación de 35%, los biocombustibles pagan tan solo un 5% y reciben una devolución adicional del 2,5% . Girardin añade que puesto que el cultivo de soya produce naturalmente óxido nitroso, un gas de efecto invernadero incluso más nocivo que el CO2, la producción “no cierra demasiado” desde un punto de vista ecológico. “Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia tienen que plantearse seriamente hasta dónde llegar con la soya”, agrega Sánchez.

En cuanto a la energía limpia, Szauer concuerda en que es otro “tema de lento despegue”. Pero la creación de unos 10 fondos de capital de riesgo orientados al sector en los últimos años da lugar a cierto grado de optimismo. En Argentina, sin embargo, Nazareno Castillo Marín, director de la Oficina de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, advierte que la tecnología limpia tiende a ser más costosa y que los bajos precios locales de la energía podrían no justificar la inversión. La región patagónica, por ejemplo, es una ubicación privilegiada para instalar granjas eólicas. Pero Brandon, del Banco Mundial, dice que las tarifas eléctricas, que se mantienen bajas artificialmente, hacen que “no sea rentable aportar capital privado, aun con créditos de carbono”.

El Gobierno supuestamente está estudiando un posible enfoque de dos niveles, con precios más altos para la energía limpia, como parte de una nueva estrategia energética que debiera darse a conocer hacia fi nes de año.

Szauer acepta que el enfoque de mercado tiene falencias, pero destaca la implementación de metodologías más precisas, criterios de adicionalidad más rigurosos -para asegurar que los créditos de carbono solo se entreguen para reducciones de emisiones que no se hubiesen materializado sin ellos- y el desarrollo de nuevas tecnologías. Los optimistas reconocen que habrá mejoras tanto en la oferta de proyectos como en la demanda de reducciones. Sánchez, por ejemplo, dice que cuando comience ofi cialmente el período de comercialización de Kyoto en el 2008, se “va a dinamizar el mercado“. Según Martha Castillo, del PLAC de la CAF, “los grandes proyectos están reservándose para ver lo que pasa en el 2012”, cuando expira la fase actual del Protocolo de Kyoto.

Szauer añade que los mercados siguen expandiéndose tanto en el marco de Kyoto como fuera de él. El Esquema de Comercialización de Emisiones de la Unión Europea, que debiera extenderse más allá del 2012, puede seguir creciendo a medida que aumenten las restricciones a las emisiones en Europa, las que en un principio eran bastante suaves. E incluso en Estados Unidos, los mercados voluntarios, como los de la bolsa de Chicago y la Regional Greenhouse Gas Initiative, proporcionarán demanda fresca. “Hay una cantidad de instancias que hacen que el mercado sea cada vez más vigoroso. Por eso estamos muy optimistas sobre Kyoto post-2012”, sostiene.

Las discusiones actuales indican que el mundo industrializado se prepara a negociar reducciones de emisiones de gas de efecto invernadero por entre un 25% y un 40% respecto de los niveles de 1990 hacia el 2020. También hay cierto optimismo respecto de que un nuevo acuerdo pueda incluir a Estados Unidos, el mayor emisor de gases invernadero del mundo.

La pregunta es qué se exigirá a los países en desarrollo, particularmente a China e India, aunque también a Brasil y México. Ambas naciones latinoamericanas parecen tener una postura más cercana a la de Estados Unidos y China, favoreciendo los límites voluntarios y rechazando cualquier medida que comprometa el desarrollo o la reducción de la pobreza. Este enfoque se probó en 1992, según Goldemberg, aunque con muy malos resultados.

“No sé de ningún caso donde un acuerdo de carácter voluntario haya dado resultados. Es una receta para el desastre”.

Optimistas y pesimistas concuerdan en que se ha logrado muy poco hasta la fecha. En la región solo Perú, Ecuador y Colombia han logrado avances, dice Brandon. “Están muy asustados por la escasez de lluvias, el derretimiento de los glaciares y el enorme impacto que esto tendrán sobre el suministro de agua”. Se necesita más estudios, pero falta fi nanciamiento. Puesto que el futuro del planeta no está en las manos de la región, podría aconsejarse a los gobiernos que esperen lo mejor, pero que comiencen a prepararse para lo peor.

Agrega tu comentario

Agrega tu Comentario
Reglas de Uso:

Business News Americas agradece su opinión sobre este artículo. Sin embargo, todos los comentarios son moderados, así es que por favor manténgase dentro del tema y sea respetuoso con los demás.


0 comentarios

Revise Versión Digital

Noticias BNamericas.com

Ir a Noticias de BNamericas.com