Índice

Introducción

Desde comienzos de la década pasada, la demanda de productos derivados del petróleo ha ido en alza en la región debido a la expansión del parque automotor y las crecientes necesidades de las centrales eléctricas. Ese aumento no ha ido de la mano de un aumento en la capacidad de las refinerías de la región, las que, en su mayoría, han ido quedando obsoletas debido a la falta de inversión.

En ese contexto, buena parte de los países latinoamericanos han comenzado a importar más combustibles refinados. Las compras en su mayoría vienen de Estados Unidos, país que incrementó en un 69,3% su producción de crudo entre 2006 y el año pasado. Según la Administración de Información Energética (AIE) de EEUU, en 2016 30 países latinoamericanos compraron a Estados Unidos 2,32 millones de barriles por día (b/d) de diesel, gasolina y otros combustibles, un 67% más que en 2011. En el primer trimestre de este año siguió la tendencia al alza con importaciones por 2,49 millones de b/d.

Esta tendencia sobresale en México, país que ya cubre casi el 65% de su demanda interna con importaciones. Pero también Brasil, Chile, Colombia, Panamá, Ecuador y hasta Venezuela son importadores netos de combustible desde Estados Unidos.

"Estas tendencias seguirán profundizándose y eso está relacionado con que una refinería aislada en Perú, Colombia o Brasil es mucho más cara de operar que una refinería inserta en un clúster en la costa del Golfo en Estados Unidos dada la diferencia en infraestructura y servicios especializados", dice Ramón Espinasa, especialista en Petróleo y Gas de la División Energía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Washington. "Por otro lado, las petroleras verticalmente integradas, sobre todo las estatales que tienen restricciones presupuestarias, seguirán priorizando las inversiones en producción antes que en refinación debido a que son mucho más rentables". 

Existen dos visiones en la industria. Por un lado, hay quienes consideran que los países latinoamericanos deben seguir sacando lustre a los beneficios de importar combustibles a precios bajos antes de embarcarse en millonarios proyectos de construcción o modernización de refinerías. Por el otro, están quienes creen que los países de América Latina pierden con esa estrategia. No tienen seguridad energética y quedan más expuestos a las fluctuaciones de los precios.

Si bien las importaciones de combustibles de la región cayeron de US$51.000 millones en 2015 a casi US$47.000 millones el año pasado, con los precios de 2012 la cuenta de 2016 se hubiera duplicado. Esos riesgos están aumentando. El contenido de azufre permitido en los combustibles marinos debiera disminuir del actual 3,5% al 0,5% hacia el año 2020, según definió la Organización Marítima Internacional a fines del año pasado. El cambio en la regulación amenaza con elevar los precios del diesel en los próximos años.  

En este informe describiremos la capacidad actual de refinación en los principales países hidrocarburíferos de América Latina. Además, identificaremos los proyectos y las obras en ejecución, y cuáles son las principales tendencias que se proyectan para este segmento en los próximos años.  

Refinación en declive

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