El 25% de los argentinos sigue viviendo en la pobreza pese a crecimiento económico

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Jueves 26 de diciembre, 2013

Unos 10 millones de argentinos, o alrededor del 25% de la población, siguen viviendo en la pobreza pese al crecimiento económico experimentado desde el término de la crisis económica del país en el 2002, según un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA, de la Universidad Católica Argentina) citado en el diario local La Nación.

De acuerdo con el reporte, titulado "Heterogeneidades estructurales y desigualdades sociales persistentes", casi la mitad de los trabajadores argentinos tiene un empleo precario y más de la mitad de las nuevas generaciones de adultos está excluida del sistema de seguridad social. Alrededor de 3 millones de personas están mal nutridas, mientras que una de cada 10 viviendas no tiene agua corriente y a nivel nacional existen 2,7 millones de hogares deficitarios.

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Según el estudio, si bien la tasa de pobreza se redujo de 50,9% a 24,5% entre el 2003 y el 2012, casi el 30% de los argentinos no logró salir de esta situación, si se consideran también los indigentes.

Asimismo, los niveles persistentes de pobreza han sido un factor clave en los disturbios sociales observados recientemente en el país.

"La marginalidad estructural no mejoró en la Argentina a pesar de años en los que el país creció a un ritmo de 8% anual. Se cristalizó la pobreza estructural, la imposibilidad de alcanzar niveles elementales de bienestar e integración social", señaló el investigador jefe del ODSA, Agustín Salvia.

En términos de educación, el 37% de los jóvenes no termina la secundaria -requisito fundamental para un empleo estable- y el 20% no estudia ni trabaja. El 23,5% de la población depende de un programa de asistencia social permanente, cuyo costo aumentó del 10,3% del PIB en el 2007 al 15,3% en el 2012.

El estudio atribuyó la falta de mejoramiento a una amplia diferencia entre áreas urbanas de bajos ingresos y áreas de ingresos medios-altos en indicadores como tasas de desempleo y empleo informal, así como a los actualmente elevados niveles de inflación que impiden que los ingresos de las familias cubran las necesidades básicas.